El Tercer Testamento Enseñanza 15
Versión Compendiada

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De Enseñanza 15

4 Comprended que la Ley es el camino trazado por el amor del Supremo Hacedor, para guiar a cada una de sus criaturas. Meditad sobre la vida que os rodea, compuesta de elementos y organismos en número infinito, y llegaréis a descubrir que cada cuerpo y cada ser marchan por un camino o trayectoria, guiados por una fuerza en apariencia extraña y misteriosa. Esa fuerza es la Ley que Dios ha dictado para cada una de sus criaturas.

Analizando estas enseñanzas concluiréis por reconocer que verdaderamente todo vive, camina y crece bajo un mandato supremo; llegaréis a descubrir, también, que en medio de esta Creación surge el hombre, distinto a todas las demás criaturas, porque en él existe la razón y el libre albedrío.

En el espíritu del hombre existe una luz divina que es la conciencia, la cual ilumina a su inteligencia y le inspira el cumplimiento del deber. Porque si una fuerza irresistible le obligara solamente a seguir el camino recto, no tendría ningún mérito su cumplimiento y se sentiría humillado al comprenderse incapaz de obrar por voluntad propia y que, a pesar de ello, estuviera sujeto a una Ley; mas en las condiciones en que se desarrolla vuestra existencia ¿quién podría guiar vuestros pensamientos hacia el bien? Sólo la luz divina de la conciencia que inspira al hombre a cumplir con la Ley, luz que habita en el espíritu y a través de él se manifiesta a la materia.

5 ¿Por qué no siguió el hombre desde su principio los dictados de la conciencia? Porque su espíritu no había evolucionado lo suficiente para comprender y cumplir los mandatos que ella le inspiraba y, al mismo tiempo, saber dominar los impulsos de la carne.

El libre albedrío y la influencia de la materia son las pruebas a las que está sujeto vuestro espíritu.

6 Si la Humanidad desde el principio hubiera escuchado el dictado de su conciencia como lo hizo Abel, ¿creéis que hubiera sido necesario que vuestro Padre tuviera que materializarse de tiempo en tiempo para explicaros la Ley y enseñaros el camino de la evolución del espíritu? De cierto os digo que no.

Si hubieseis sido sumisos y obedientes a mi Ley, todas mis revelaciones y enseñanzas os hubieran llegado a través de vuestra conciencia; pero cuando vi a esta Humanidad cautiva de las pasiones que el mundo le brindaba, sorda a mi voz y ciega para mirar la luz espiritual que alumbraba su camino, tuve que materializar mi Ley en el Primer Tiempo labrándola en la piedra y manifestándome en sus sentidos corporales, para vencer su materialismo.

7 Nuevamente la Humanidad se apartó de mis mandatos y tuve que llegar a los hombres para doctrinarlos. No fue suficiente que os hubiese dado mi Ley en aquella forma material, ni tampoco encerraba ella todo lo que el Padre tenía que deciros; y así, os envié a Jesús por quien escucharíais al Verbo de Dios. Él habló a vuestro corazón.

Aquel Maestro conocía los caminos que conducen hasta lo más íntimo del ser humano y con sus palabras, con sus obras y su sacrificio en la cruz, conmovió las fibras dormidas, despertó vuestros sentimientos aletargados, sabiendo que sin esa preparación, no llegaría el tiempo en que el hombre escuchara en su propio espíritu la voz de su Señor, al que ahora tenéis entre vosotros como os fue anunciado.

34 Muchos se preguntan por qué he vuelto a la Tierra, si ya os había doctrinado con mi palabra en el Segundo Tiempo; mas habíais olvidado mi Ley y os he encontrado naufragando en un mar de ignorancia. He luchado para llevaros al camino de la paz y la verdad; os ofrezco un báculo para que os apoyéis porque estáis cansados de peregrinar sin una guía y por eso he venido a ayudaros.

42 La Ley espiritual es antes que la humana, por tanto, debéis darme vuestro tributo antes que al mundo. Mirad la Naturaleza con sus campos y montañas, sus mares, selvas y desiertos, toda ella está tributando en todo momento su ofrenda al Creador que le ha dado vida y le sustenta. Todos me manifiestan su tributo dando testimonio de Mí. ¿Por qué vosotros no me ofrecéis un culto digno? ¿Por qué pedís mi presencia, para después dudar de Mí?


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